Del amor al lugar, Can Lis de Jørn Utzon

Vivir durante un mes en Can Lis, ha sido una de las mayores experiencias vitales que he tenido. Sólo por esta vivencia, ya ha merecido la pena hacer una tesis doctoral sobre la obra de Jørn Utzon, arquitecto de origen nórdico que descubrió su verdadera idiosincrasia en la cultura mediterránea, en la que vivió casi la mitad de su vida.

En septiembre de 2013, la Kulturstyrelsen, (Agencia para la Cultura danesa) departamento dependiente del Gobierno danés, me concede una beca de investigación en can Lis entre los días 15 de noviembre y 15 de diciembre de ese mismo año. Dicha beca supone una oportunidad única de vivir durante un mes una de las casas objeto de la tesis doctoral que estaba desarrollando, pudiendo comprobar in-situ las intuiciones hasta ese momento desarrolladas.

Como cierre de dicha estancia, redacté un artículo por petición de la Kulturstyrelsen, organización concesionaria de la beca, relatando mi experiencia: “About love for place, Can Lis”. Artículo cuyas líneas adjunto a continuación en su versión española, y que ha sido publicado en página web oficial de Can Lis.

Del amor al lugar, Can Lis de Jørn Utzon

“Porque del amor del hombre con la tierra nace la casa,

esa tierra ordenada en la que el hombre se guarece,

cuando pinta en bastos,

para seguir amándola.”

Camilo José Cela

Can Lis atardecer 8 diciembre 2013 Miguel Angel Ruperez

Esta definición de casa realizada por Camilo José Cela, podría aplicarse palabra por palabra a Can Lis, la segunda casa construida por Jørn Utzon como residencia permanente, hace ya cuarenta años (1972-73), y en la que viviría aproximadamente durante los siguientes veinte años de su vida.

 

Uno de los aspectos más importantes de la casa, es precisamente aquello que no se ve en las fotografías de la misma, su sonido. Mi llegada a la casa fue en el amanecer de un viernes, oscuro y lluvioso. El mar, agitado, embestía veinte metros por debajo, a los pies del acantilado donde se ubica la casa. El sonido que producía, sin embargo, era más bien un suave murmullo constante, cadente y grave. Murmullo, que podía escuchar más intensamente cada vez que me movía entre los diferentes pabellones que componen la casa, y que me acompañaría a lo largo de los treinta días y treinta noches siguientes que allí pasé. Sin embargo, más que ese murmullo, era otro el sonido que más impresionaba, y que percibía nada más cruzar el umbral que da entrada al pabellón que contiene el salón. Allí, una vez dentro, y tras haber estado escuchando ese cadente murmullo del mar, un silencio profundo, casi monástico, podía percibirse en aquella sala. Aquel lugar trascendía su función utilitaria, para convertirse en una sala espiritual, donde a través de sus ventanas, un mar vibrante y en constante movimiento, se veía sin emitir sonido alguno.

 

Can Lis amanecer 8 diciembre 2013 Miguel Angel Ruperez sol

El mar es el actor protagonista de Can Lis. Las salas principales de la casa (salón, comedor, dormitorios), miran unidireccionalmente hacia él, enmarcando con sus huecos de ventana la línea del horizonte marino. Un mar que cambia de apariencia casi a cada hora, y que desde el reflejo que induce a los rayos de un sol que se mueve frente a la casa, inunda con ellos el interior de las habitaciones.

 

Tardé varios días en poder ver y sentir el sol. Excepcionalmente, toda la isla de Mallorca estuvo tapada por nubes durante casi dos semanas. La sensación que tuve, una vez pasaron esos días, fue similar a lo que tantas veces había leído en el escrito de Utzon Plataformas y Mesetas, ideas de un arquitecto danés, cuando ascendía a lo alto de las plataformas mayas de Uxmal y Chichén Itzá en la península de Yucatán (México): “Todavía hoy puede experimentarse esta maravillosa variación de sensaciones que se produce al pasar de la tupida jungla cerrada al vasto espacio abierto de la cima de la plataforma. Es un sentimiento similar al que se siente en Escandinavia cuando, tras semanas de lluvia, nubes y oscuridad, de repente todo ello pasa y el sol aparece de nuevo”.

 

En los días siguientes, con el cielo ya despejado y una luz casi horizontal (por la proximidad al solsticio de invierno de aquellas fechas) que reflejaba a todas horas en la vibrante superficie del mar, el sol marcaría tajante el inicio y fin del día. El inicio, entrando directo y perpendicular por la ventana de las habitaciones hacia la cabecera de mi cama, al poco de aparecer por el horizonte. Y el final, haciendo brillar el marés de las columnas del atrio, en un color rojizo casi fuego, en los últimos minutos de la tarde, justo antes de ocultarse por encima de las densas copas de pinos del cercano Parque Natural Mondragó. Entre uno y otro momento, a lo largo del día, y como si de un reloj de sol se tratara, el sol iba recorriendo cada uno de los seis huecos radiales del salón, marcando y haciendo patente el paso del tiempo.

Can Lis amanecer 8 diciembre 2013

El marés es el material autóctono por excelencia en Mallorca. Se extrae de canteras ubicadas principalmente, en la zona central y sur de la Isla. Con él se han construido desde hace siglos hasta hace muy poco, y de manera casi integra, la mayor parte de la arquitectura del lugar, incluida la catedral de Palma (s. XIII y s. XIV). Can Lis, fiel a esa tradición, se construye casi en su totalidad, con marés. En un marés desnudo, sin encalar. De su proceso de extracción y manipulación en la cantera, nos hablan aún a día de hoy sus muros, en los que podemos encontrar la huella de los cortes de radial, con la que los bloques de piedra fueron cortados. Por otro lado, el mimetismo de la casa con el paisaje es tal, que por su construcción, nadie diría que fue levantada por un arquitecto danés, sino más bien por alguien cercano, del entorno. En último término, la casa es también esa tierra ordenada a la que hacía alusión el escritor Camilo José Cela, pues se construye tallando la materia del suelo inmediato sobre la que se edifica.

 

Mar, sol y marés son tres de los elementos primarios con los que Utzon se encuentra cuando llega a aquel lugar aislado, sobre el acantilado, enfrentado al horizonte, donde el cielo y el mar Mediterráneo se encuentran sólo aparentemente. De su amor por aquel entorno, y en concreto por estos tres elementos, da buena cuenta esta casa, que toma por nombre el de su mujer, Lis.

Can Lis 8 diciembre 2013 Miguel Angel Ruperez sol

Créditos

Autor texto y fotografías: Miguel Ángel Rupérez ¦¦  Título original: Del amor al lugar, Can Lis ¦¦ Publicado en página web oficial de Can Lis.

Miguel Ángel Rupérez

Acerca de

Doctor Arquitecto // Máster en Rehabilitación
Me apasiona y siento gran curiosidad por todo lo que tenga que ver con el sol y la arquitectura. Ésta es la razón de que realizara mi tesis doctoral en arquitectura centrada en la obra del arquitecto Jørn Utzon, poniendo de relieve la importancia del sol en sus casas realizadas en Dinamarca, Suecia, Nueva Gales del Sur (Australia) y España. Viajé durante varios años a estos países para visitarlas. Hoy, a partir de todo lo investigado y de la experiencia acumulada a lo largo de estos años en la gestión y dirección de obras, desarrollo proyectos y rehabilitaciones que tienen como valor añadido aprovechar el sol y su luz para ayudar a ahorrar energía y mejorar el día a día de las personas con edificios más luminosos, eficientes y sanos.

Email:
miguelangel@casasolarpasiva.com

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