El lujo de tener una ventana que mire al sol

El otro día mientras esperaba en una sala, me senté junto a un gran ventanal por el que entraba el primer sol de la mañana. Afuera, y después de una noche de heladas, pocos grados sobre cero. Dentro, tras aquella gran ventana, la sensación era tan agradable, que después de resistirme durante algunos minutos, acabé quedándome en camisa y quitándome la abundante ropa, que quien me conoce, sabe que suelo llevar encima. No sé por qué, y salvando las distancias, me vino a la cabeza el cuadro que el pintor Edward Hopper realiza a su mujer Josephine, durante la entrada de los primeros rayos de la mañana.

Sol de la mañana, 1952. Edward Hopper
sol entrada rayos

Que el sol es un elemento clave y trascendente en arquitectura está fuera de toda duda. Lo sabían las primeras civilizaciones urbanas con escaso desarrollo técnico, cuando se asentaron en torno al paralelo 30º. En esas culturas, mucho más dependientes del entorno que las actuales, la búsqueda de un entorno climático favorable, era algo esencial e incuestionable a la hora de decidir su asentamiento geográfico. El arquitecto romano Vitruvio, por ejemplo, habla en su famoso libro Los diez libros de arquitectura cómo debían orientarse las ventanas de las termas en relación a la puesta de sol del solsticio de invierno.

Primeras civilizaciones asentadas en torno al paralelo 30º
Paralelo 30 y el sol. Primeras civilizaciones

Así, un día de invierno soleado en Madrid, un ventanal de 2x2m bien expuesto y orientado solarmente (similar al que aparece en el cuadro de Hopper), genera la misma potencia calorífica en el interior de una habitación, que un radiador de 2000w encendido durante todo el periodo diurno. No se aprovecha lo suficiente la abundante y gratuita energía solar de la que disponemos en estas latitudes mediterráneas. Actualmente la fracción solar de una vivienda, es decir la parte proporcional de energía aportada por el sol con respecto a su demanda energética de calefacción es mínima, oscilando entre el 0,1% y el 15% para los meses fríos, de octubre a abril (0,1 – 20% si están construidos a partir de 2008 con la normativa del CTE). En un clima frío y soleado como el de Madrid en invierno, esta fracción podría elevarse hasta el 80%, únicamente con un buen diseño de la forma del edificio. Por lo que el posible ahorro de una casa bien diseñada con respecto a este parámetro de la captación solar, sería considerable en el consumo de calefacción con respecto a una casa convencional.

Izquierda, el sol entrando hasta el fondo en la estancia en la casa de Utzon en Hellebæk (Dinamarca). Derecha, la visera que impide la entrada de rayos en verano en Can Lis (Mallorca)
Utzon Hellebæk y Mallorca

Por otro lado, nuestras latitudes mediterráneas proporcionan una ventaja sobre otras latitudes, al poder impedir fácilmente la entrada de rayos en los meses de verano y calor. Desde el punto de vista de lo confortable, que una ventana mire al sur, es la estrategia más eficaz posible. En invierno, los rayos bajos del sol característicos en estas latitudes, entran hasta el fondo de nuestras frías habitaciones. Sin embargo, en verano, donde los rayos caen casi verticales, y con la ayuda de alguna pequeña visera como si de una gorra se tratase, impedimos fácilmente sin mucho esfuerzo el acceso de los intensos y cálidos rayos.

Es por ello, que una ventana bien orientada que mire al sol es un auténtico lujo. Un lujo que aprovechaban los primeros asentamientos urbanos en torno al paralelo 30º y que está a nuestro alcance, sin gastar en grandes medios para su obtención, tan sólo vidrio y una pequeña visera. Aprovechar mejor este recurso gratuito que la naturaleza nos ofrece, nos ayudaría no sólo a ahorrar energía en calefacción a nosotros mismos y al medio ambiente, sino a establecer un mayor vínculo con la naturaleza como ya tuvieran esas otras culturas que nos precedieron.

Créditos

Autor texto: Miguel Ángel Rupérez

Miguel Ángel Rupérez

Acerca de

Doctor Arquitecto // Máster en Rehabilitación
Me apasiona y siento gran curiosidad por todo lo que tenga que ver con el sol y la arquitectura. Ésta es la razón de que realizara mi tesis doctoral en arquitectura centrada en la obra del arquitecto Jørn Utzon, poniendo de relieve la importancia del sol en sus casas realizadas en Dinamarca, Suecia, Nueva Gales del Sur (Australia) y España. Viajé durante varios años a estos países para visitarlas. Hoy, a partir de todo lo investigado y de la experiencia acumulada a lo largo de estos años en la gestión y dirección de obras, desarrollo proyectos y rehabilitaciones que tienen como valor añadido aprovechar el sol y su luz para ayudar a ahorrar energía y mejorar el día a día de las personas con edificios más luminosos, eficientes y sanos.

Email:
miguelangel@casasolarpasiva.com

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